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zully1Ya bastante se ha hablado del Zully y, por lo mismo, es poco lo que hoy se puede decir para impresionar. Sin embargo, y si sirve de confesión, la arquitectura –la de verdad, no la gastronómica– sigue teniendo suficientes méritos como para que las cosas tomen color perogrullo. Y la situación es la siguiente: cuando se llega a Zully, casa de cuatro pisos ubicada en la calle Concha y Toro, el barrio antiguo de Santiago, uno se enfrenta a una imagen inédita, aún sin digerir, a cientos de estímulos artísticos y a unas cuantas anécdotas. Sin orden ni lógica, podríamos decir que se trata de la burgués casona donde vivió Vicente Huidobro y dos generaciones posteriores; donde funcionó la fundación del poeta creacionista; que fue construida en 1920 y declarada Monumento Nacional en 1990; y la que durante dos años y medio fue reconstruida en partes para hacer de Zully un todo: un restaurante con buen físico y donde se coma bien.

 

Hay pocos barrios tan cargados de estilo como Concha y Toro, en Santiago Poniente. Por algo es escenario habitual de comerciales televisivos: hasta un ataque de gripe se ve glamoroso ahí. 

Precisamente frente al corazón de este barrio, la Plaza de la Libertad de prensa, se ha abierto este restaurante, que no sólo rescata esta arquitectura. También le regala un lifting de modernidad, meticuloso en detalles como la vajilla, las copas, los baños y los muros, con ampliaciones de dibujos del español Jordi Lavanda. 
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Vale internarse en este otro Santiago. O en Metro (estación República) o dejando el auto en calle Maturana en el estacionamiento del restaurante. 


Tanto como el chef, Charles Becar –chileno, aunque suene lejano– al definir su propuesta como “dominada por la fusión, no la (con)fusión”. Y ahí hay platos –siete entradas y siete fondos– como la Ensalada de lechugas mixtas con gravalax –salmón conservado en sal gruesa y eneldo–, manzanas rojas, melón tuna y dressing de frutilla y lima (3.400), cuya presentación deja mucho que desear: es un mezclún que pareciera haber sido montado desde dos metros de altura para dejarlos en caída libre sobre el plato, un desparramo fatal y radical. Afortunadamente –y teniendo en cuenta que vale más por dentro, aunque su apariencia no sea una invitación– que los sabores son buenísimos, se mezclan esas ligeros dulzores, de la frutilla procesada como salsa y la manzana en láminas, con el frescor de la tuna, las notas amargas y sutiles de los verdes y la tímida pero necesaria nota cítrica. Hay mucho equilibrio ahí, no se dejen engañar por su desafortunado look.

momentos 028

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4 Comments

  1. Muy buen restaurant. Buenisimo para llevar a tu pareja. Me parece que muestres estos restaurant que unen la buena comida con la historia. Un lugar con onda. Ah! y los aperitivos son muy buenos, buen barman.

    Saludos

  2. Muy buen restaurant. Buenisimo para llevar a tu pareja. Me parece que muestres estos restaurantes que unen la buena comida con la historia. Un lugar con onda. Ah! y los aperitivos son muy buenos, buen barman.

    Saludos

  3. Que ganas de ir a conocerlo! Después de esa descripción, si o si voy a comer algo.

  4. Es lo mejor para sosprender… un poco caro…pero realmente valioso.. la comida entra no solo por la vista..por todos los sentidos.
    t.


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