Skip navigation

Tag Archives: TIENDA PRADA NEW YORK

prada_new_york_arminlinke_oma_270307 

Las grandes firmas de lujo se han convertido en promotoras de tendencias arquitectónicas gracias a la evolución de la cultura del consumo. La relación entre comercio y cultura o entre arte y moda es cada vez más estrecha y las fronteras entre estos conceptos parece que se desdibujan. Los diseñadores buscan imágenes de marca en un contexto marcado por la homogeneidad y la globalización. La moda adquiere nuevos matices y sus creadores luchan por hacerse con su particular arquitecto. Es el caso de la italiana Miuccia Prada, que ha contratado al holandés Rem Koolhaas –reciente premio Pritzker de arquitectura- para convertir el antiguo Guggenheim Soho en una tienda en la zona sur de Manhattan que combina la alta tecnología con el marketing, el diseño y la imagen.

Ubicada en el numero 575 de Broadway Avenue y compartiendo la planta baja y el subsuelo de la sede queArata Isozaki remodeló para el Guggenheim, nace la tienda de Prada, que pretende imitar a museos o bibliotecas y sueña con convertirse en una plaza pública.

 prada01

El arquitecto holandés ha creado una tienda dominada por una gran ola de madera que conecta la planta baja con el sótano. Una grada, elaborada con la misma tonalidad de la madera, sirve a Prada para mostrar zapatos y maletas de día, ya que por la noche este espacio se convierte en una especie de teatro y acoge a los espectadores que acuden al local para disfrutar de espectáculos culturales totalmente gratuitos. La diseñadora italiana, que cuenta con más de un centenar de tiendas en todo el mundo, proyecta también exhibir películas de cine independiente en este local futurista..

Cámaras en lugar de espejos: ¿una provocación?

En un extremo de la tienda, destaca un gran ascensor circular de vidrio transparente que conduce al sótano, donde la ropa se desliza a través de unas guías. Y para hacerse una idea de cómo le sentarían a uno las piezas que allí se exhiben sin necesidad de probárselas, unas pantallas se encargan de mostrar la ropa vestida por modelos. Sin embargo, vale la pena entrar en los probadores, donde una cámara se encarga de que el cliente se vea de cara y, al mismo tiempo, vea proyectada la imagen de su espalda filmada por la cámara. Los vestidores, una clara muestra del carácter desenfadado del arquitecto holandés, no tienen cortinas sino que con oprimir un botón, sus paredes se vuelven opacas o transparentes. El lujo de Koolhaas y Muccia Prada es pues sutil y provocador.

 

prada6 prada-storeny 

 

 

 

No es el shopping en sí, quPara algunos expertos del marketing, esta actitud no interactiva de Prada significaba tambié una estrategia de culto. Para otros, principalmente adictos y fanáticos de la marca, supone una carencia irremediable






 

 

 

 

 

 

 


En las pantallas de cristal líquido del local que cuelgan de los percheros se puede ver la la película ‘Desierto rojo’ deAntonioni, un film lleno de chimeneas industriales y plagado de contaminación. Desde la calle, destaca el mural con una inmensa fotografía a color, así como las torres suspendidas, con maniquíes y ropa colgada debajo que hace pensar al transeúnte que se encuentra frente a una tienda singular, por lo que no duda en entrar y darse un paseo por este vanguardista espacio que marca una revolución en el campo de la moda a través de la alta tecnología.

Los exquisitos complementos de la firma, como billeteros o cinturones, están estratégicamente situados en el centro de dos mesas que están a la vista desde cualquier punto de la tienda. La iluminación es otro de los aspectos que ha sido estudiado a la perfección para lograr que el local sea acogedor y el cliente se sienta cómodo rodeado de prendas de una calidad y un diseño excelentes en un entorno que invita a comprar. 

De esta manera, arquitectura, lujo, moda y entretenimiento confluyen en un único espacio que ha costado cerca de 50 millones de dólares y que ha sido posible a pesar de los atentados del 11 de septiembre, que arrastraron a numerosas empresas a una crisis de la que ya no han podido salir pero que en el caso de Prada ésta apenas ha sido perceptible.